Qué harás con la metempsicosis? Tienes el valor de manejarla? No me llames bella si no es por siempre. Todo cambia, si, no es por eso que se pregona la inconsistencia. Brutalidad emocional. Dale, sigue sin mi. Soy feliz.
Busco palabras. Feas, hermosas, cortas, largas, fuertes. Suaves, violentas, dulces, verdes, azules, tuyas, mías, Nuestras. Lo que sea para describir lo que siento. Aquí, por mi, por ti. Por la vida. Paseo mis ojos por mi mente en días nublados, en días soleados. Nada. Y yo solo busco una respuesta. Ayúdame a encontrar la pregunta.
"Te vi, te vi, te vi...yo no buscaba a nadie y te vi"
Al recorrer mi cuerpo con tus labios mojados, resucitas en mi la exaltación de un amor encontrado (...) Te encontré, un día, así, como un billete de 10 000 en la alcantarilla, por azar, por suerte, por casualidad. Sin dinero en mi bolsillo, y sin necesidad, te recogí...te miré, te observé, lo pensé...y llené mi bolsillo con tu presencia. (...) Te encontré, un día, así, como un objeto extraño que se halla hurgando en una caja de cosas perdidas y olvidadas. Con curiosidad te examiné y te estudié, hasta que decidí meterte cuidadosamente en mi bolsillo, aún sabiendo que los objetos de la caja le pertenecían a alguien más, y no a mi. (...) Te encontré, un día, así, como una flor en medio del desierto, roja, viva y llamativa. Pero escondida. Te vi, sonreí, me agaché y te toqué...frescos, suaves, tersos y firmes sentí tus petalos. Y junto a tí decidi quedarme, dándote agua, luz y besos todos los días. Te cuidé, te quise y amé. (...) Eres el billete en medio de la calle, eres el objeto perdido en una caja olvidada, eres la flor en la mitad de la nada. Eres lo singular entre lo ordinario.
En tu tiempo me inserto, Nado y vuelo Entre su estado líquido, sólido y gaseoso. Las paredes son ojos Que me miran Con toda la intensidad de los tuyos. Me sumerjo, Salgo, respiro, vuelvo a entrar, Y así… Nadando y volando entre tu tiempo, En nuestro tiempo…
Va solo, en la calle ve gente pasar, y no las conoce, pero las observa, su manera de caminar, de gesticular mientras hablan, su vestimenta…Él no conoce a nadie.
Su hija se acaba de ir y el apartamento está vacío. 60 personas invitadas, llegan 25. La mayoría desconocidos. El alcohol levanta los ánimos e incita a la risa, pero al final, no son sus amigos. La noche termina y de uno en uno, de dos en tres, la gente se va. Queda él, solo, en el apartamento vacío. Va al computador, escribe un e-mail, se lo manda a su hija. Su firma es AAA. “Enviar”. Soledad lo invade.